LA DIGNIDAD HUMANA Y El MIGRANTE

El 18 de diciembre anterior, al parecer pasamos por desapercibida esta fecha. Sin embargo, para el concierto internacional de las naciones, esta fecha tiene una connotación de gran importancia, pues celebramos a nivel mundial el Día Internacional del Migrante, fecha establecida por la Asamblea General de las Naciones Unidas – ONU, en el año 2000, a fin de que el mundo entero comprenda la realidad que este fenómeno atañe precisamente ante la creciente población migrante que se esparce sobre la faz de la tierra.

No debemos olvidar que muchos de nosotros somos o hemos sido migrantes de una o de otra manera. Tiempos atrás en que ciudades pequeñas aún no contaban con instituciones de educación superior en las que se puede cursar una carrera de tercer nivel obligaron a la población en mayor frecuencia a trasladarse a las grandes ciudades como Quito, Guayaquil o Cuenca con el fin conseguir una profesión universitaria. En tal medida, salimos de nuestras ciudades de residencia para asentarnos en otras, que tienen un mayor desarrollo urbanístico y por ende una población con diferentes usos y costumbres a las que aprendimos en el seno de nuestros hogares. Ciudades que por su densidad demográfica tienen problemas más graves como el incremento de los índices de delincuencia y la falta de seguridad.

Lo propio ha sucedido, cuando mencionamos abiertamente que nuestro asentamiento o residencia permanente, está vinculada al hecho de que esta se radicará en la ciudad en la que encontremos un trabajo estable que nos permita cubrir las necesidades básicas de la familia, lo cual inclusive puede implicar que constantemente tengamos que cambiar nuestro lugar de residencia a diferentes ciudades con el fin de buscar una trascendencia.

Nadie es profeta en su propia tierra dice el adagio popular y de esos ejemplos podemos encontrar una multitud de casos. Estudiantes que salimos a la capital, en busca de la profesionalización y que en ese contexto decidimos radicarnos en las metrópolis, sin lugar a dudas, valga recalcar, con el ánimo de conseguir mejores días. Lo cual implica básicamente el conseguir una vida digna, base fundamental del respeto a los derechos humanos.

Los ecuatorianos no hemos sido la excepción y décadas pasadas migramos a países como España y EEUU, en busca de mejores días. La realidad no nos es desconocida y sabemos que nuestra población ha sufrido mucho para poder conseguir un trabajo digno o la tan anhelada residencia en estos países, en los que la xenofobia ha sido la principal característica de recepción a nuestros migrantes sin considerar que existen un sinnúmero de instrumentos internacionales como la Declaración Universal de Derechos Humanos, que establece que los seres humanos nacemos libres e iguales en dignidad y derechos, y debemos ser tratados sin ningún tipo de distinción por condiciones de sexo, raza, religión, nacionalidad, etc. lo cual implica la prevalecencia del derecho a la igualdad de las personas.

En ese sentido, podemos concluir que la migración a nivel internacional es una muestra de autodeterminación de las personas, con el fin de buscar un desarrollo en todo ámbito. Determinación individual que no puede ser ultrajada por ninguna política o ley gubernamental que limite este derecho ni mucho menos por acciones de violencia que coarten la libertad de las personas. Hay que erradicar la exclusión social y económica de las personas migrantes.

Hoy por hoy, por efectos de la crisis política, social y económica, o los conflictos armados de Latinoamérica, sorprendentemente, el Ecuador se ha vuelto en un país receptor de migrantes, particularmente de personas de nacionalidad: venezolana, colombiana y cubana. Creemos que los migrantes consideran al Ecuador no sólo un país de tránsito hacia diferentes países del globo sino que ven al Ecuador como un país en el cual podrían establecer su residencia en razón de la dolarización que nos rige. No obstante, más allá de estas concepciones, la realidad es que en el Ecuador se ha incrementado el desempleo y la precarización de la mano de obra se ha hecho evidente.

Ahora bien, no olvidemos que la Constitución de la República ha establecido el principio de la ciudadanía universal, lo cual implica que el Ecuador es un país de puertas abiertas a la población universal, independientemente de tal o cual nacionalidad, gozando por ende de los derechos que el texto constitucional contiene y garantiza a los ciudadanos ecuatorianos. En consecuencia ningún ser humano de diferente nacionalidad a la ecuatoriana debe ser considerado como ilegal en nuestro territorio y deben respetársele todas las prerrogativas que la dignidad humana exige. Por lo tanto la obligación de que los migrantes sean respetados como seres humanos que son y jamás sean discriminados bajo ningún argumento.

En definitiva, el Día Internacional del Migrante, nos debe llevar a la reflexión. Como se ha manifestado todos somos o hemos sido migrantes, un ejemplo de ello se constituye cuando salimos de vacaciones y nos reciben en otras ciudades diferentes a las de nuestro lugar de residencia. Lo que esperamos de este recibimiento en una sola palabra es: RESPETO. De ahí que nuestros actos para con nuestros semejantes deben enmarcarse bajo la práctica del principio de la solidaridad, la ayuda mutua y la colaboración desinteresada a los migrantes, darles un trato digno.

Eventuales actos que constriñen con la ley y el orden deberán ser sancionados por la jurisdicción del Estado. No debemos estigmatizar a la población migrante, sino acogerla, tienen el derecho como todos los seres humanos, como los ecuatorianos, a surgir, y que mejor que lo hagan apoyando el desarrollo de nuestra Patria, el talento humano migrante aporta con su trabajo diario y debe ser reconocido respetando su dignidad. Los migrantes se encuentran en grave peligro y debemos ponernos en los zapatos del otro, la migración implica desarrollo de los pueblos y mejores condiciones de vida para las familias migrantes y debe ser entendida desde un óptica humanista.

La migración requiere de cooperación nacional e internacional, de los ecuatorianos, del Estado y de los migrantes. Tenemos un deber moral y constitucional de respetar y tratar con dignidad a los migrantes, ser altruistas y generosos porqué el progreso de los pueblos depende del trabajo conjunto y no regresivo ni egoísta.

La dignidad humana debe ser reconocida como un valor máximo y no puede ser vilipendiado ni soslayado por la propia especie humana.

Artículo presentado en el espacio de análisis del #InformativoCandela de Radio @SuperTropicana, 105.9 FM, en el centro del país – 23dic18

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

Crea tu página web en WordPress.com
Empieza ahora
A %d blogueros les gusta esto: