LA NAVIDAD Y EL CONSUMISMO

El cerebro humano asocia esta celebración navideña a la entrega de regalos, fiesta, comida o bebida. Se ha puesto de moda las denominadas cenas de navidad y de fin de año; una cuestión que se ha tornado como un evento de total naturalidad en la sociedad ecuatoriana de manera especial.

Nos volvemos presas del consumismo y lo único que buscamos es asistir a estas cenas, con las mejores galas, los mejores vestidos, los mejores trajes. El mejor perfume, los mejores zapatos, la mejor cartera. Tengamos o no los recursos para cubrir estos gastos, nuestra presentación tienen que estar siempre impecable. Jugamos al amigo secreto en apariencia. Fijamos la cuota de la cena, la del regalo del amigo secreto, y la fecha para el festejo, pues como seres sociables que somos, debemos cumplir con todos los compromisos que podemos imaginar. La cena del trabajo, la de los amigos de la infancia, la del equipo de fútbol, la cena de mejores amigos, la cena de compañeros de colegio, la cena de la universidad, la cena del gremio, asociación o grupo al que pertenezcamos y finalmente la cena de la familia. Tal vez esta última la menos desatendida en grado de importancia.

Nos preocupamos del que dirán. Y en esa línea encontramos personas con características y posiciones extremas también, quienes prefieren NO compartir este tipo de celebración entre amigos ni compañeros de trabajo, en un ejercicio de una condición que podríamos llamarla ermitaña. Y tal vez reservan la famosa cena navideña al espacio familiar únicamente. Lo cual en términos pragmáticos resultaría ser lo más prudente. Pero no deja de ser extraño por su decisión de no compartir esta celebración en compañía de amigos o compañeros.

La fecha a la cena navideña se acerca y en el mundo postmoderno en el que nos encontramos transitando, se vuelve una prioridad la organización de las varias celebraciones navideñas a las que nos vemos abocados, las cuales deben contar con la organización previa de excelencia y planificación.

La comisión organizadora de las celebraciones no quiere perder el glamour, esta en juego su nombre. Su orgullo. Su honor. La fiesta debe ser la mejor de todas y siempre con ese grado de originalidad jamás antes vista. Hay que recalcar que el nombre de los organizadores o de los empleadores, no puede verse manchado, por lo tanto están en la obligación de entregar lo mejor para que esta celebración sea única y no criticada ni objetada por los asistentes.

De ahí que la institución, el grupo de amigos o los espacios sociales en los cuales nos desenvolvemos buscan los mejores lugares, los mejores hoteles, la mejor hostería, el club de moda, contratamos el mejor menú, el mejor regalo. Y como no podía faltar la mejor bebida, más allá de los gastos que esto genere, hemos de recalcar que todo ello simplemente lo ejecutamos por temor al escarnio de que nuestro nombre no se vea manchado, se busca un protagonismo sin igual y la meta es intentar como decimos en nuestro adagio popular “que los invitados no nos vayan hablando”. En ese sentido, la empresa o la comisión organizadora tiene que velar por el buen nombre buscando no ser abucheado por las críticas en caso de que algo salga mal en la celebración de la cena navideña.

Y como en efecto suele suceder en este juego de planificación obviamente muy pocos son los realmente agradecidos; salga bien o salga mal el festejo, todos estarán envueltos en la crítica, la práctica de nuestros usos y costumbres, no cambia, el chisme de pasillo se posiciona a como de lugar.

Nuestra sociedad se ha vuelto tan derrochadora, que llegamos al colmo de gastar insignes cantidades de dinero que muchas veces no lo tenemos, para cuestiones tan superficiales y vanas solamente por el miedo al que dirán.

Lastimosamente desde niños nos han enseñado que esta fecha de celebración navideña lleva implícito el mensaje del recibimiento y la entrega de regalos. Nuestros niños esperan con la inocencia que les caracteriza el recibir el mejor regalo. Los mejores dulces. Esperan que un anciano conocido como Papá Noel sea el portador del tan anhelado juguete o regalo. No es malo vivir en ese mundo de fantasía. El problema radica en que desde niños se inculque el concepto del consumismo y no del consumo racional, consumo que en la sociedad es importante. Pues debemos cubrir necesidades básicas para sobrevivir pero no debemos distorsionarlo con el concepto de consumismo que estas fechas ha generado en la sociedad a nivel mundial.

Con mucho pesar hemos convertido la demostración del amor, del afecto, del cariño, del aprecio, proporcionalmente al precio del regalo navideño. Mientras más caro el regalo mejor y más evidente y grande es el amor por nuestro ser querido. Llegamos al error de gastar más y más para demostrar el amor.

En estas fechas de celebración tampoco podemos olvidar que muchos personas no son parte de la celebración navideña precisamente por la falta de recursos. Por no contar con un trabajo estable o la posibilidad de tener un ingreso que pueda servir para cubrir las más básicas necesidades, inclusive.

“Según Bauman, el sistema crea necesidades pero se proclama abiertamente a la imposibilidad de satisfacción de las mismas. La idea del sistema es ‘crear sueños y jamás permitir que los consumidores despierten de este sueño’ (Bauman: 2002). Con esto lo importante es que se genere constantemente la plataforma de insatisfacción, de estilos de vidas, en donde el tener se hace importante generando consumos amplios y repetitivos” (diario la estrella de Panamá 12 dic 17)

El Derroche en estas fechas nos vuelve fanáticos y presas del consumismo.

Respetuosos que somos, de las creencias de cada uno, la fecha navideña es sin duda una fecha de connotación religiosa.

Debemos recuperar la conciencia. y el respeto por lo humano. El respeto por el desvalido. El respeto por la sensibilidad humana. Por la verdadera dignidad humana por sobre la materialidad. Creyentes o no, la celebración navideña debe ser concebida como una oportunidad para la reflexión, para compartir con quienes realmente lo necesitan, pero no desde la óptica de consumismo ni de la caridad, sino desde una visión altruista, en la recuperación de los valores humanos.

La familia juega un rol trascendental en esta fecha importante, tenemos la obligación de educar a nuestros niños desechando la visión autómata del consumismo. Y en nosotros los adultos erradicar las banalidades que nos corrompen y recuperar la cordura.

Siempre hay una nueva oportunidad para renacer. Para rectificar. Para ser mejores. Para trascender. Y esa debe ser nuestro principal compromiso en estas fechas de celebración. Llegar a entender que cada día que tenemos la oportunidad de estar en este mundo es la oportunidad de ser más humanos. De practicar la solidaridad.

Artículo presentado en el espacio de análisis del #InformativoCandela de Radio @SuperTropicana, 105.9 FM, en el centro del país – 16dic18

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